jueves, 22 de noviembre de 2012

El morbo de la literatura


Dans la maison es, ante todo, una reflexión sobre la esencia voyeurística del hecho literario. Claro que se habla de otros muchos temas pero, en realidad, todos ellos aparecen bajo ese mismo prisma, analizados desde el juego de voces narrativas que plantea la película y donde, como el propio personaje de Luchini afirma, los espectadores nos convertimos en el sultán al que distrae la bicéfala Sherezade nacida del dueto Ozon-Mayorga.

De Ozon es el talento cinematográfico y la habilidad para convertir una obra teatral en una película más que destacable -merecedora de la Concha de Oro en San Sebastián- y de Mayorga, el mérito de haber creado una magnífica obra teatral -El chico de la última fila- en la que se plantean las grandes cuestiones que alimentan el film.

Aunque habría agradecido que la película obviase algunos giros un tanto excesivos en su último tramo -pese a lo acertado del hitchcockiano plano final-, Ozon respeta con acierto la esencia del texto original y nos permite preguntarnos hasta qué punto el creador no es más que un sádico voyeur, decidido a colarse en las casas ajenas para poner palabras a lo que todos vemos y no siempre estamos dispuestos a contar. El lector, por tanto, tampoco estaría libre de responsabilidad, pues su necesidad leer tendría que ver con su voluntad -igualmente morbosa- de irrumpir en esas mismas casas. 

También se reflexiona sobre el punto de vista -cómo alteraremos los hechos según la voz que escojamos- o sobre las formas del discurso -qué hace que un relato sea buena o mala literatura-, pero más allá de cuestiones técnicas, se plantea un perverso debate sobre la posible amoralidad del hecho literario, incidiendo en cómo los escritores y lectores acabamos inmiscuyéndonos en las vidas ajenas. Las  vidas de esos seres -a menudo más reales que la realidad misma- llamados personajes.

Por eso, en cierto modo, la literatura no sería un acto inocente. Como tampoco lo es el adolescente protagonista, Claude García, interpretado con turbia elegancia por un magnético Ernst Umhauer. Al igual que Claude, los autores vampirizamos las vidas de quienes nos rodean para alimentar la curiosidad de nuestros lectores, cómplices tan sedientos de irrealidad como quienes nos esforzamos por crearla.  Y lo más inquietante es que, tal y como le sucede a Claude, nunca sabremos cuál es el efecto final que tiene ese esfuerzo. Jamás conoceremos cuál es el  verdadero alcance de nuestras palabras en manos de cada lector, cómplice en este acto -adictivo y morboso- que es la literatura.

3 comentarios:

  1. ¿Estuviste en el preestreno de la película que hizo Magisterio o pagaste por verla?

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  2. Ni siquiera me enteré de ese preestreno... Y no me habría importado nada acudir a él. Saludos.

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  3. Lo dicen en una escena de 'Dans la maison' a mitad de la película: es una comedia estúpida, todo esto es ridículo. La película de François Ozon es ñoña en su ventana 'voyeurística' (¡ay qué diría el maestro Hitchcock!), un escape apenas maloliente, que ni siquiera satisface al que lo despide. ¡Mejor nos vamos todos a China! Un saludo!!!

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