viernes, 12 de octubre de 2012

Un salto posible

Este otoño presento nuevo libro teatral: Saltar sin red, publicado -al igual que mi monólogo Tour de force- por Ediciones Antígona.

Como me sucede con cada texto que escribo, ya sea teatro o novela, Saltar sin red también ocupa un lugar muy especial en mi trayectoria como autor, tanto por las emociones que he intentado volcar en ella como por el momento -este difícil ahora- en el que llega a las librerías.

Saltar sin red es, en cierto modo, mi obra más joven, tanto por la edad de sus protagonistas, como los temas que se abordan en ella. Seis personajes que acaban de cumplir los veinte y que están llenos de dudas ante su futuro. Seis jóvenes que deciden reunirse y fundar una asociación en la que, sin darse cuenta, acabarán definiéndose a sí mismos. Dibujando las personas que son y que, a veces sin pretenderlo, van a ser. Seis voces que quieren hacerse oír en un contexto -este 2012- que prefiere el silencio y la sumisión.

Por eso, porque estamos en tiempos convulsos en los que creo que la cultura no puede permanecer ajena a la defensa de un sistema social que otros pretenden destruir, me emociona especialmente que Saltar sin red llegue en  breve a las librerías. Porque en ella, con toda la humildad del mundo -y seguro que con muchos errores-, he intentado reflexionar sobre temas como la fidelidad a uno mismo, la importancia de la solidaridad o la necesidad de construir unos principios sólidos que nos permitan luchar -juntos y todos a una- contra la maquinaria impersonal que pretende devorar lo que ha costado tanto tiempo y esfuerzo construir. Una obra que apuesta por la necesidad de ese salto, que reivindica la necesidad de no cruzarse de brazos y que da un voto de confianza absoluto a una generación a la que he conocido -y conozco- en mis aulas de Bachillerato, y  de quienes me consta que puedo esperar un compromiso, una implicación y, sobre todo, un aliento crítico que quizá no ha tenido la mía.

Saltar sin red no es más que una obra de teatro, una comedia agridulce de seis personas que buscan una identidad en medio de una crisis donde no hay tiempo más que para buscar un refugio y una respuesta -individual y pragmática- a este continuo sálvese quien pueda. Pero confío en que este texto caiga en manos de lectores jóvenes -cuanto más mejor- y que les haga pensar que ese salto, esa acrobacia que no quieren que hagamos, sí es posible. Aunque sea sin red.

1 comentario:

  1. Cuánta falta nos hacen textos así con el momento social (y educativo) tan duro que estamos viviendo. Te deseo toda la suerte del mundo para esta nueva publicación, yo ya estoy deseando leerla :-)
    Un beso,
    Olga.

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